Russian Roulette

Hace unas semanas que no paro de escuchar la canción “Russian Roulette” de los Lords of the New Church. Recuerdo bien la primera vez que alguien me habló de este grupo angloamericano de Post Punk. Fue en los lavabos de mi colegio durante el último año del bachillerato.

La canción es un homenaje a las películas “The Deer hunter”(1978) de Michael Cimino, (Fue la mítica escena en la que Robert de Niro y Christopher Walken son forzados a jugar a la ruleta rusa por el Vietcong la que hizo célebre la variente rusa de la ruleta), y “Apocalypse Now”(1978) de Francis Ford Coppola.

He utilizado esta canción en mis clases en el École de Cinéma para introducir “Jacob´s Ladder”(1990) de Adrien Lyne. Una pesadillesca historia sobre un veterano de la guerra del Vietnam. La biografía de los Lords of the New Church también me ha servido para hacer reflexionar a mis alumnos sobre el frecuentemente trágico final de las bandas y estrellas del Rock.

Stir Bators, cantante de los Lords y gran admirador de Jim Morrison, murió atropellado por un taxi precisamente en París, desconozco el lugar exacto del siniestro. Las cenizas de Bators fueron posteriormente esparcidas sobre la tumba de Morrison en el cimetière du Père Lachaise. Hace poco visité la tumba de Alain Bashung, otra estrella del rock enterrada en ese mítico cementerio.

Recientemente, he visto dos representaciones cinematográficas de la ruleta rusa. La primera en “Gomorra”, la serie televisiva de nacionalidad italiana sobre la mafia napolitana. Pocos días más tarde, volví a ver el mismo ritual asesino en “The Irrational man”, la última película de Woody Allen.

Es evidente que jugar con la muerte resulta muy excitante para los cineastas, incluso produce milagosos efectos revitalizantes en aquellos personajes de ficción que lo practican. Tengo mis dudas de que en la vida real produzca los mismos efectos. No creo que sobrevivir a dicho juego ayude a disfrutar más intensamente de la vida.

Desconfio de los métodos o recetas milagrosas para mejorar la calidad de nuestra existencia. Lo único que me mantiene alejado de la maldita ruleta rusa es el esfuerzo diario, la lucha continua y una difusa, pero cada vez mayor fe en mi mismo y en todo cuanto me rodea.

Hay infinidad de maneras de jugar a la ruleta rusa. Las pistolas no se cargan exclusivamente con balas de fuego. Todos tenemos nuestra propia e intransferible variante de este juego suicida, seamos o no conscientes de ello.

El cargador nunca para de girar, no olvides vaciarlo.

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