RUMBLE FISH (La ley la calle)

La ley de la calle de Susan Hinton es, junto a El Guardian entre del centeno de J.D.Salinger, la novela que marcó mi adolescencia. Debería decir El cazador oculto y no El guardian entre el centeno ya que fue la traducción argentina la que leí a los quince años. Desde entonces, el apelativo tarado forma parte del top ten de mis vocablos favoritos.

He perdido la cuenta de las veces que he visto Rumble fish, la película de Francis Ford Coppola inspirada en la novela de Hinton. Ver esta película de nuevo con mis alumnos ha sido toda una revelación. Ahora comprendo un poco mejor porque he sido un tarado toda mi vida y porque lo seré mientras viva. Al igual que Rusty James, yo siempre pensé que acabaría pareciéndome al Chico de la moto. Me llegué a creer ser un tipo super cool, inalcanzable. Sin embargo, es evidente que además de no ser tan «cool», gracias a Dios no lo soy, me parezco más a Rusty James. Como a él, me aterra la soledad, no soporto estar sólo.

Tampoco disfruto en exceso de la compañía de los demás. Después de un cierto tiempo rodeado de gente necesito huir, necesito escaparme para refugiarme en mi soledad atormentada. En esto si que me parezco al Chico de la moto. Comparto su incapacidad por encontrar algo en la vida que realmente me apasione. Todavía me cuesta aceptar que durante la mayor parte del tiempo la vida me resulta un soberano coñazo y que la mediocridad y una asfixiante sensación de absurdo me persiguen allá donde vaya.

Lo confieso, soy un ser ligeramente resentido. No puedo evitarlo, vivo en un eterno estado de nostalgia de un pasado ficticio, inventado. Tengo momentos en los que me invade una angustia que me paraliza y que me susurra al oído lo inútiles y patéticos que resultan mis esfuerzos por parecer normal. No lo eres, me dice Madame Angustia, y no lo serás nunca. Eres un fracasado y no tienes remedio. Madame A viene a verme justo antes de dormirme, a veces incluso me despierta a los pocos minutos de haberme quedado dormido. Me lanza una flecha envenenada que me impide conciliar el sueño, eso es lo que me hace la maldita Madame A.

La próxima vez que me visite pienso decirle que me importa un carajo el no ser normal. Pienso aceptar de una vez por todas que soy un tarado y un inadaptado y que además estoy orgulloso de serlo. Como dicen en mi país: ¡ Y a mucha honra !

Lo tengo decidido, esta noche voy a salir a la calle a pintar tres graffitis cerca del Canal Saint Martin. Uno de ellos en castellano: «Dejad de fingir, cabrones». Otro en inglés: «Fuck me gently… ». Y el tercero en francés : «Bonne nuit salopards!».

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