Bonne continuation pour vos activités littéraires.

La semana pasada rechacé dos ofertas de trabajo. Una era una jornada completa en un Collège. Dije que no sin dudar un instante. El año pasado ya tuve el placer de trabajar en un Collège público y no tengo ningún deseo de repetir la experiencia. Les dije que ya trabajaba media jornada en un Liceo de Paris y que en todo caso podría considerar la opción de complementarlo con otra media jornada siempre y cuando fuese en un Liceo. La mujer que me llamó pareció muy admirada de que trabajase en un centro en París, le tuve que explicar que no estaba adscrito a la Académie de Paris, que intervenía como auto-entrepreneur (Autónomo). Eso la calmó, todavía podía ser una presa fácil para ellos. El año pasado ya sufrí diversas amabilidades y delicadezas de su parte, da gusto el celo con el que se trata a los contractuels en la Éducation National.
Al día siguiente recibí una llamada sorprendente. Se trataba de un Proviseur, un director de colegio, que afirmaba tenerme asignado en su base de datos como profesor de español para el presente curso. Le dije que no salía de mi asombro, que nadie me había prevenido de dicha eventualidad. En un primer momento pensé que me llamaba del Collège que me habían propuesto la víspera, pero no era así, este señor me llamaba de un Liceo y me proponía un tiempo parcial. No conocía la localidad donde estaba emplazado el Liceo, pero cuando me dijo que no se encontraba lejos de donde enseñé el curso pasado me temí lo peor. Le pregunté si tenían problemas disciplinarios y me contestó que si era un buen profesor no tendría problema alguno. Clásica respuesta de Proviseur, me dije. Finalmente, quedamos en entrevistarnos en el Liceo el día siguiente.
La posibilidad de enseñar en un colegio público de la banlieue de París no me seducía mucho, pero tampoco tenía nada que perder, podía entrevistarme con el director y así ver cómo era el Liceo en cuestión. El primer aspecto negativo era lo lejos que estaba el centro de mi casa. El trayecto no bajaba, en el mejor de los casos, de la hora y cuarto. La página web del Liceo daba una imagen idílica del centro. Una parte de mi quería creer en los milagros. Sin embargo, aquella noche me costó mucho conciliar el sueño.
Después de atravesar casi de cabo a rabo una línea de metro me subí en un auto bus que me llevaba muy cerca de la puerta del Liceo. El trayecto me ayudó a hacerme una idea de mi destino. Todo eran enormes torres grises, las típicas construcciones de las Cités de París. No me costó dar con el Liceo. Una vez allí comencé a tener una imagen más clara del tipo de centro en el que me encontraba.
La entrevista con el Proviseur fue ciertamente interesante. Su manera de acogerme también lo fue. Me hizo dos o tres bromas sobre el carácter «despistado y relajado» de los españoles. No entré al trapo, le comuniqué mis dudas sobre el puesto y le señalé que había venido a verle por educación y curiosidad, en ningún momento había dicho que aceptaba el trabajo. Me limité a informarme sobre los horarios que me proponían y el número de alumnos por clase. Los horarios eran, digámoslo así, poco convenientes. El número de alumnos era de 35 por clase. Allí me planté, les dije que era imposible enseñar una lengua extranjera a tamaño número de alumnos, que ya tenía la experiencia del Collège del curso pasado donde me había sido prácticamente imposible manejar un grupo tan numeroso. El adjunto, que por aquel entonces se había sumado a la entrevista, agradeció mi honestidad. Asimismo, expuse que mi perfil literario y de escritor no se adaptaba excesivamente al carácter más tecnológico y profesional del centro. En ese punto, el Proviseur cambió de actitud, finalmente asumió que eran ellos los que debían convencerme de trabajar allí, pero ya era tarde, yo ya había tomado una decisión. Nos despedimos muy amablemente y me emplazaron a comunicar mi decisión por correo electrónico antes de las diez de la mañana del día siguiente.
Mandé el e-mail antes de acostarme. Mi respuesta fue negativa, no me sentía ni capacitado ni interesado en enseñar en el Liceo. Recibí un correo electrónico del Proviseur hacía el medio día. Agradecía mi respuesta y me animaba a continuar mis actividades literarias: Bonne continuation pour vos activités littéraires.

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