Le Corbeau.

Llevo más de un mes sin internet ni televisión. Si el martes no llega la maldita Freebox me cambio de operador. He tenido demasiada paciencia. No me reconozco, en el pasado ya hace tiempo que les hubiera mandado a paseo.
No he visto apenas un mísero partido del Mundial de Fútbol, tampoco me importa, después del triste papel de la selección española casi que lo prefiero así. No soy un buen perdedor. A decir verdad, el resto de los países me trae por saco.
Estas circunstancias, no tener internet y la debacle de la Roja, han provocado que vea aún más películas que de costumbre. La misma tarde que Les Bleus obtenían una pírrica victoria sobre Nigeria, decidí comprarme un pack de tres películas del realizador francés Henri-Georges Clouzot. Poco o nada sabía de este director. Ha resultado todo un descubrimiento.
Le Courbeau (1943) es una película sumamente interesante. Está basada en un suceso acontecido en la ciudad de Tulle en los años 20. EL argumento es el siguiente: Los habitantes de una pequeña ciudad de provincias comienzan a recibir unas cartas anónimas extremadamente calumniosas firmadas por Le Corbeau (el cuervo). La paranoia se desata entre los ciudadanos, las sospechas se disparan, una enorme sensación de desconfianza se apodera de la modesta ciudad. El personaje principal es un médico al que Le Corbeau acusa de realizar abortos ilegales y de mantener un affaire amoroso con la mujer de un compañero de profesión.La película es dura, los personajes apenas sonríen, no hay una sola escena cómica.
Le Corbeau fue realizada durante la ocupación alemana y producida por la Continental films, una sociedad alemana promovida por Joseph Goebbels. La película fue duramente criticada por la resistencia, la prensa comunista, el partido conservador y La Centrale Catholique. Al parecer el film resultaba anti-francés. Es paradójico constatar que fueron los alemanes quienes produjeron una de las más profundas autocríticas de la sociedad francesa jamás realizadas por director francés alguno.
Conviene recordar que durante la ocupación innumerables ciudadanos franceses de todo tipo de orientación política denunciaron a extranjeros y a sus propios compatriotas a las autoridades nazis. Muchos de los denunciados acabaron en campos de concentración.
Tras la liberación, Henri-Georges Clouzot fue acusado de ser un collabo y se le prohibió ejercer la profesión cinematográfica. Sin embargo, diversas personalidades del mundo de la cultura y del cine francés unieron sus fuerzas para rehabilitarlo en 1947. Uno de los defensores de Clouzot escribió a uno de los detractores: “Mon cher, tu sais bien que Clouzot n’a pas plus été collabo que toi tu n’as été résistant”.