Adieu au 20 ème !

Me voy del 20ème. Llegué el mes de noviembre pasado pensando que pasaría en este barrio del este de París un importante y largo periodo de mi vida. Finalmente no ha sido así. Importante puede decirse que ha sido, eso no lo niego. En los apenas siete meses que he vivido aquí me han pasado muchas cosas, algunas de ellas un tanto duras, todo hay que decirlo. Pero no le guardo ningún rencor a este barrio, todo lo contrario, he aprendido mucho de la vida en el 20ème.

La portera de mi edificio, como no podía ser de otra manera, ya sabe que me voy. Es prácticamente imposible escapar a la vigilancia de esta mujer y de sus dos gatos. En el pasado llegó a tener diez gatos y un perro, un bulldog. Todos vivían en perfecta harmonía. Estuvo a punto de comprar un dogo argentino a quién pretendía llamar Diego, pero desechó la idea debido a una característica de estos perros que ahora me resulta imposible recordar. Yo siempre he tenido perros, soy alérgico a los gatos. De hecho, no me gustan nada los gatos. Cuando era pequeño un gato me mordió el dedo gordo del pie, fue una experiencia traumática que me ha marcado para siempre.

Esta mañana le pagué lo que le debía al propietario del apartamento donde he pasado estos dos últimos meses. Fue rápido, este hombre es un pintor de origen iraní que no se anda con rodeos. Le pagué, cogió un par de grabados que guardaba en un viejo arcón y se fue. Creo que ni siquiera se quitó el casco de la moto.

Mañana termino mi trabajo en el Liceo. Luego el vacío total. No tengo nada previsto, no tengo ningún trabajo salvo quizá alguna que otra clase particular de español.

El otro día alguien me preguntó porqué seguía en París después de todo cuanto me había sucedido. La verdad es que no creo que sea para tanto, hay gente que lo pasa mucho peor. Mis últimos diez años en Madrid fueron infinitamente más duros. En Madrid me divorcié de mi ex mujer, posiblemente la mejor amiga que he tenido en mi vida. En Madrid tuve que cerrar mi negocio, la librería bar que llevaré siempre en mi corazón. Y sobre todo, en Madrid me perdí por completo. Pequeños fragmentos de mi ser vuelan todavía por los rincones de Madrid y de su periferia como los pedazos desprendidos de una estación espacial abandonada. Dan vueltas y vueltas en el espacio de la noche y de la madrugada madrileña. Ahora sirven como puntos de referencia para otros navegantes intergalácticos.

Inventario personal después de dos años en París.

Hace dos años que vivo en París. Durante este tiempo he vivido en cuatro apartamentos diferentes. Hace un año que comencé este blog. Al menos espero vivir un año más aquí. Vivir en París se ha convertido en mi raison d’être.

Tengo un número de seguridad social provisional que me permite trabajar pero todavía no tengo derecho a recibir asistencia médica. Esto es lo que pasa cuando uno nace en E.E.U.U, menuda ocurrencia la mía.

Me defiendo bastante bien con el francés. Mi esfuerzo me ha costado, cuando llegué me costaba mucho hacerme entender. Escribo francés todavía de manera regular. Soy disléxico, o eso al menos me cuento a mi mismo para enmascarar y no asumir mi congénita pereza ortográfica.

París es una ciudad cinéfila, aquí la gente va más al cine que a misa. Yo soy un feligrés mas en la oscuridad del Mk2 Gambetta o del Majestic Bastille.

Soy habitual de varios cafés del 20ème arrondissement. Últimamente frecuento Aux Ours en el 236 de la Rue des Pyrénées.

He trabajado en una librería regentada por un doble de Peter Sellers. He colaborado para dos editoriales francesas leyendo manuscritos en lengua castellana. He enviado mi C.V. mil y una veces. Me han respondido en muy contadas ocasiones. He trabajado como profesor de español en un Collège infernal. He organizado talleres literarios en un Liceo alternativo para jóvenes “décrocheurs”. He leído cuentos a niños de 3 a 5 años en Écoles maternelles del 15ème y del 16ème arrondissement. He organizado un taller de escritura de blogs literarios en el Instituto Cervantes de París, (logro mayúsculo). Desde el pasado mes de marzo organizo un taller de español e inglés en un Liceo alternativo para jóvenes que han tenido problemas de adaptación en la educación tradicional.

Tenía una novia parisina, francilienne para ser mas exactos, pero me salió rana y ahora salgo con una chica alsaciana que, entre otras cosas, me hace reír un montón. Mi abuela materna que era de Pamplona hubiera dicho de ella: «Esta chica es hinchante».

Sigo sin consumir. Sigo asistiendo a las reuniones. Sigo esperando un milagro que ignoro para qué servirá, si es que sirve para algo.  Sigo mirando a las mujeres de manera obsesiva. Como si una de ellas pudiera salvarme la vida. Ese debe ser el milagro, que una mujer me salve la vida.

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