Monsieur Putain et la concierge.

Monsieur Putain, así me llamaban algunos de mis alumnos en el Collège. Me enteré a la vuelta de las últimas vacaciones escolares. Cuando entré en clase aquel ya lejano lunes 3 de marzo había una nota sobre mi mesa. La nota decía lo siguiente: «Monsieur Pita, vous êtes cool !». Este mensaje no era negativo, todo lo contrario, pero la nota no se acababa allí. Escrito con una letra diferente, otro alumno había escrito un mensaje que decía únicamente: «Monsieur Putain…». Finalmente, era Monsieur Putain lo que prevalecía. Monsieur Putain no podía ser tan «cool».

Lo comenté con los otros profesores. Una profesora me dijo que debía localizar a los alumnos que me habían escrito la nota. «Puedes descubrirlo por la caligrafía», me dijo muy convencida. Era mi última semana en aquel colegio infernal y no juzgué oportuno perder mis últimos días en tamaña investigación.

Hoy hace un mes que acabé mi contrato en el Collège y tengo la impresión de estar viviendo una vida totalmente diferente. De hecho, muchas cosas han cambiado en este último mes. Una de ellas es el lugar donde vivo.

Mi nuevo apartamento no tiene mucha luz, pero tiene los techos altos y no tengo la sensación de claustrofobia y hacinamiento que tuve en anteriores pisos. Mi vecino es un gran aficionado al fútbol, todos los fines de semana le escucho animar al PSG. Por la única ventana del piso puedo ver un edifico en el que han construido unos enormes lofts. Por las noches, uno de los inquilinos de estos lofts ve la televisión en una pantalla gigante.

La portera de mi edificio es una cotilla empedernida. Cada vez que me cruzo con ella por las escaleras sufro un interrogatorio en toda regla, ella misma lo dice: «Je suis curieuse, tu sais ?». El otro día coincidimos con ella en la entrada del edificio, yo iba con una amiga, y la concierge, ni corta ni perezosa, me preguntó: «C’est ta copine ?». Cuando recibo correo lo hace pasar por debajo de mi puerta y luego siempre lo comenta conmigo cuando nos cruzamos por las escaleras.

Los días de diario a las diez de la mañana, si aún no estoy despierto, los niños del colegio que hay justo pegado a mi edificio se encargan de hacerlo. El griterío que forman durante su primer recreo del día sería capaz de despertar y devolver la vida a los mismísimos difuntos.

En el nuevo edificio nadie conoce al Monsieur Putain, ni siquiera la portera sabe que aquellos petits monstres me llamaban así. Seguro que le haría mucha gracia. Monsieur Putain, diría muerta de risa, Monsieur Putain…

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2 pensamientos en “Monsieur Putain et la concierge.

  1. Le sigo desde hace algunos posts, me han parecido siempre geniales pero nunca veía el motivo de escribir algo. Y en este me he decidido a escribir.

    No se si es porque yo también soy inmigrante descubriendo los mundos y submundos de esta ciudad interminable. O su forma socarrona de ver la vida, donde convierte cualquier anécdota desagradable en pequeños momentos que disfrutar y saborear.

    Y me siento muy identificado. Pero definitivamente creo que lo que me ha incitado a comentar ha sido esa vista hacia una medianera de ladrillo, muy similar a la que se ve desde la ventana del aseo de mi copine.

    Un saludo

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