En otro país.

Ya estamos de vuelta en París, es decir, en Montreuil. En el vuelo leí una novela corta titulada En otro país (1970) de José María Riera de Leyva. Ya había leído otras obras del mismo autor y me habían gustado. Riera de Leyva tiene un estilo conciso y directo que me resulta muy atractivo. La novela me ayudó a pasar el mal trago del aeropuerto. No me acostumbro a los aeropuertos, hay algo en ellos que me deja fundido, sin habla. El aire acondicionado a tope, viajeros en pantalones cortos, niños enloquecidos corriendo por los pasillos interminables, las tiendas del duty-free…

Todo ese universo que a otras personas parece excitar tanto, a mi me produce una punzante sensación de angustia. No soy el único que lo pasa mal aquí. De hecho, he aprendido a disimular bastante bien, el secreto es gastar las mínimas energías posibles y alejarse, si se puede y no resulta peligroso, de los viajeros que te resulten más desagradables. En este último viaje conseguí esquivar in-extremis una tripleta de españoles de mediana edad que eran claros favoritos para ganar el certamen de personajes menos apetecibles de la terminal. Más tarde, ya inmovilizado en el avión, fui presa de una familia francesa con un par de niños pequeños que les hubieran puesto las cosas muy difíciles a la temible tripleta hispánica. 

Deberían existir en las terminales, además de capillas de todas las confesiones, salas de meditación, salas de cine alternativas (todo cine independiente subtitulado), cursos intensivos de defensa personal, cursos intensivos de lenguas extranjeras, clases de yoga, restaurantes bio, farmacias de guardia, psicoterapeutas de guardia, pequeños conciertos de música, jacuzzis, saunas y baños turcos. Al pasar el control de seguridad te entregarían una pulsera y cuando esta cambiase de color sabrías que es hora de embarcar. Todos los viajeros irían vestidos con una especie de fina escafandra especialmente diseñada para no pasar ni frío, ni calor.

 En otro país, la novela de Riera de Leyva, hay un diálogo entre el protagonista y un viejo amigo suyo barcelonés que vive en París. Este último anima al protagonista a dejar Barcelona e irse con él a París. El protagonista le responde:

  •  Mi francés es muy pobre y además, ¿que haría yo en París?
  • Cualquier cosa- .
  • Eso ya lo hago aquí.
  • Sí, pero no compares. Además allí uno es extranjero.
  • ¿Y eso qué?
  • Que no estas en tu país. Eso tranquiliza.

Me siento muy identificado. Tranquiliza no vivir en tu país. Me resulta inquietante, sin embargo, la continuación de este diálogo.

  • ¿No te sientes francés?¿Ni un poquito?
  • No. Me siento un bravo español en el exilio.
  • Te han jodido entonces. A partir de ahora te sentirás como un bravo español turista.

 

 

2 pensamientos en “En otro país.

  1. Gracias Diego 🙂 También tengo esa sensación de angustia en los aeropuertos, mezcla con nervios, alegría o tristeza según voy o vuelvo de mi querida España.

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