El cuestionario de Proust.

El año pasado respondí al famoso cuestionario de Proust. Este cuestionario es de origen inglés y no tiene mucho que ver con el escritor francés. Marcel Proust es famoso, entre otras cosas, por sus frases interminables. Lo confieso, no he conseguido todavía terminar el primer volumen de À la recherche du temps perdu. Lo intenté dos veces y en ambas ocasiones no pasé de la página 100.
Pero volvamos al cuestionario. Una de sus preguntas, creo que la última, era el lugar donde me gustaría morir. La pregunta me chocó, estaba en un aula de la Alliance Française en París y la muerte me parecía algo muy abstracto, incluso bastante improbable. Nadie se muere en una clase de francés. Me costó un rato encontrar la respuesta apropiada. En primer lugar, tuve que imaginarme dejando este «mundo ingrato» lo que, después de pensarlo bien, no resultó tan complicado. Tout d’un coup, de repente, me vi agonizando pacíficamente en una calurosa noche de verano en Madrid. La imagen, evidentemente, tenía que ver con mi infancia, pero también con una cierta e innegable sensación de pertenencia. Madrid es mi ciudad, es de donde vengo y el verano madrileño tiene, para mi, algo de apocalíptico, de fin del mundo.

http://en.wikipedia.org/wiki/Proust_Questionnaire

Mr.Hyde en la Plaza de España.

La semana pasada creí ver un fantasma a plena luz del día en la Plaza de España de Madrid. Me quedé pálido, aterrorizado. Era él, un viejo amigo al que hacía mucho tiempo que no veía. Lo último que supe de él era que atravesaba una mala racha. Estaba terriblemente cambiado, parecía otra persona. Tenía delante de mi al mismísimo Mr.Hyde. Había sufrido una extraña transformación física, toda su bondad e inocencia le habían sido arrancadas de cuajo. Incluso su forma de andar había cambiado. No tuve el valor de acercarme para comprobar si se trataba verdaderamente de mi viejo amigo. En un determinado momento, nuestras miradas se encontraron. Él se dio la vuelta y se refugió en una tienda. Mr.Hyde huía de los viejos amigos del Dr.Jekyll. Hacía calor, eran las cuatro de la tarde, pero yo estaba helado de miedo.

Song for Marion.

Song for Marion es una película que trata la vejez, el amor y la muerte de manera franca, digna y valiente. Nada que ver con el retrato tan negativo que sobre una temática muy similar ofrece Amour, la vanagloriada obra de Mikael Haneke.
Song for Marion te emociona desde su primera escena. Los personajes que aparecen en esta película no son gente extraordinaria, (una pareja de retirados y una joven profesora de música que viven en una modesta periferia londinense), pero sí lo son los actores que los interpretan. Me refiero a Terence Stamp, Vanessa Redgrave y Gemma Artenton. Estos tres extraordinarios actores dignifican a sus «aparentemente» anodinos personajes.
La película me hizo olvidar mi encuentro con Mr.Hyde, borró su terrorífica imagen y me reconcilió con la vida en esa tarde de julio en Madrid.

13 Rue del Percebe.

LIVING IN MONTREUIL.

Desde el pasado 29 de junio vivimos en Montreuil. Django Reinhardt y Georges Mélies nacieron en esta commune del este de París. En Montreuil hay una calle que lleva el nombre de la mítica cantante de blues Bessie Smith y otra en honor del batería de jazz Kenny Clark que vivió y falleció aquí. No lejos de casa hay una guardería llamada Miriam Makeba en honor de la gran cantante sudafricana. La alcaldesa pertenece al partido de los verdes y está enfrentada a los dueños de la Sala de cine Mélies. Hace unos pocos años eran los comunistas los que gobernaban en Montreuil.
Vivimos cerca de la plaza de la République. En verano, todos los cafés de la plaza tienen sus terrazas llenas de clientes. Hay un bonito y verde jardín donde juegan los niños y descansan aquellos que no lo pueden hacer en sus casas. Siempre se ven malienses que recargan sus móviles en una especie de enchufes «públicos». Muy cerca de la plaza está situado el Foyer Bara, donde residen multitud de trabajadores procedentes de Malí. Cuando pasas por delante del Foyer te preguntas si realmente no te has equivocado y estas viviendo en África sin saberlo. Viven en otra dimensión, mientras los demás cenamos en las terrazas, ellos leen el Corán, descansan y recargan sus móviles. Lo domingos toman literalmente el parque y, agotados, se tumban sobre la hierba. Los niños blancos se quedan en casa jugando a los videojuegos. Los sábados, es diferente, hay mercado y el parque es de los niños y de sus jóvenes y bohemios papás. Las mamás son muy peligrosas pueden atropellarte con sus carritos si andas mínimamente despistado.
El edificio donde vivimos me recuerda mucho a 13, Rue del Percebe, ese viejo tebeo español. Está literalmente plantado en una zona de talleres de madera, casas de pueblo bajas, una especie de mini-palacio taller y edificios de oficinas. La primera vez que vimos el edificio nos dio la risa, pero cualquier cosa era mejor que seguir viviendo con Djoko, así que nos quedamos con el apartamento de Rue del Percebe. Nadie lo quería y la agencia no nos puso el mínimo problema. Poco a poco vamos comprendiendo el porqué de tantas facilidades. Hoy hemos conocido a nuestra vecina de abajo gracias a una estupenda y generosa fuga de agua que había transportado nuestros residuos hasta su ducha. No hemos podido negar la procedencia de la fuga, nuestro papel higiénico azulado nos ha delatado. No lo vuelvo a comprar en la vida y no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo.
13RueDelPercebe

En la planta baja viven unos portugueses que los sábados se dedican a martillear las vigas maestras del maltrecho edificio, creo que se están renovando el piso en su tiempo libre. Sus vecinos del rez-de-chaussée son el viejo «filósofo» alemán que me regaló una baraja de Tarot, la señora inválida y el mendigo que pide monedas en el cajero que hay unos 250 metros. No tienen baño dentro de su piso, lo tienen en el pasillo para la desgracia del resto de habitantes del edificio. Del resto de inquilinos hablaré en sucesivos episodios de París Imposible.
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